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MINIPASEO POR LA JUNGLA DE PALABRAS

Jungla de palabras.

Para arriba. Para abajo. Emborronado. Así como de un lado al otro. Luego un arco y dos nudos que se entrecruzan pasando por el centro de un asimétrico rectángulo de ocho lados sin lógica ni métrica.

Y bueno, es que en la jungla de palabras también hay ríos y peces en los ríos y comida en los estómagos de los peces de los ríos.

Y para las imaginaciones que lleguen al interior de las burbujas de aire que hay debajo del agua, también hay todo lo que ellos quieran que haya.

En la ladera del río hay piedras redondeadas porque la fricción se ha comido las esquinas más picantes.

Los trozos que se ven del cielo están escondidos detrás del verde de las copas de los árboles y encerrados entre los bordes de las nubes que con su detallada forma amórfica están ahí paseándose cual colega se pasea con su colega por las calles de alguna ciudad.

Pero lo mejor de la jungla de palabras es que nunca las conoces a todas. De vez en cuando sale de la nada un nuevo todo con cara de jalaparto o un triglicérido aerodinámico y te asusta con un ataque de desconocimiento.

O sale un deffectuosso kamion sin ruedhas y te jode su irrespetuosidad porke no le sale del biscoxo kumplir las reglas de la grama ártica.

Y la jungla de palabras no es otra cosa que el reflejo de la vida. Un caos muy bien ordenadito y que funciona en sincronía máxima consigo misma.

De vez en cuando hay que darse un paseo por la jungla de palabras, para mancharse los pies con mieles de melandro y ajos cantarines.

Luego uno llega y se sienta y se siente bien.

Y eso está pero que de puta madre.