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MIÉRCOLES | 3. LA LOMBRIZ

Historia: Miércoles - Capítulo: 3 de 9999

Después de un buen rato haciendo el gamba, nos salimos del agua.

-¿Hambre?

Un chaval se nos acerca.

Tiene los pelos rizados.

Nadie contesta a su pregunta, pero él se acerca a cada uno de nosotros, de uno en uno, ofreciendo una bolsa abierta.

-¿Qué es esto?

-¡Pruébalo!

Meto la mano y saco un dado.

Es blando, de color verde.

Me lo meto en la boca, y sigue siendo blando.

Lo muerdo.

El chaval que me lo ha dado, se ríe.

-¿De qué te ríes?

-De ti.

Todos me miran.

-¿Por qué?

-Porque es mierda.

-¡Hahahahaha!

-¡Hahahahahahahahaha!

-¿Mierda?

-Sí, mierda de Serpiente Cagacubos. Una Serpiente Cagacubos es una serpiente que caga cubitos de colores.

Me concentro en el sabor.

En realidad no está nada mal.

Pero se la escupo en la cara, por cabrón.

Para mi sorpresa, toda su cara se llena de grumos verdes.

-Hahahaha- se ríe, se limpia, y sigue hablando -Bueno, ¿os apuntáis al viaje?

Me pregunto quién coño es este tio, y de dónde habrá salido.

Pero sí, por supuesto.

Nos apuntamos todos.

Le seguimos hasta detrás de los árboles, y bajamos por unas escaleras que van hacia el subterráneo.

Bajamos, y bajamos, y bajamos.

Y seguimos bajando.

Son unas escaleras larguísimas.

Pero llegamos abajo, y ahí está.

Un tren subterráneo.

-Este es mi tren personal chavales. Se llama “La Lombriz”.

Subimos todos.

Joder, pero si es enorme.

Y está todo ultra mega iluminado.

Las sillas son de diferentes formas y colores.

Las paredes, blancas como la leche.

Todo está limpio y espacioso.

Y se escucha música de buena onda.

El chaval de la bolsa pasa por mi lado.

Lo paro.

-Eh, ¿cómo te llamas?

-Max. ¿Y tú?

-Max.

-¿Tú también?

-Yo también.

-De puta madre tio, así no se nos olvida.

Nos reímos los dos.

Y los demás siguen por ahí a su rollo.

-¿Dónde vamos Max?

-A donde La Lombriz nos lleve.

El suelo vibra y yo siento que me caigo hacia un lado.

El tren se está empezando a mover.

Para ser una Lombriz esto va bastante rápido.

La música sigue sonando.

Camino en dirección contraria al movimiento.

Si mis ojos no fallan, estoy viendo una piscina.

Qué calidad, un tren con piscina.

Me acerco.

Los demás están bañándose, pero yo paso.

No tengo ganas.

Sigo caminando por el enorme pasillo, mientras el tren avanza a toda velocidad.

Hay un sillón enorme, con forma de queso.

Me siento.

Esto está tan agradable que mi cuerpo me pide tumbarme.

Me tumbo.

<<A donde la Lombriz me lleve>>, pienso.

Y me quedo dormido.

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